jueves, agosto 28

El uppercut de soho

En la página de Soho (Colombia) hay una nueva columna, y adivinen quien la regenta. Si señores, el hombre de la foto, el propio: Efraim Medina Reyes, para mí de los mejores escritores Latinoamericanos de las últimas fechas.
La columna se llama: La máquina de follar, y el primer texto de la misma habla de aquél negro mágico que destrozo los récords en las olimpiadas de Pekín.
Y así otra vez Medina nos da en la trompa con su lucidez y su contundente uppercut. Este tipo no es sólo un escritor de eso estoy seguro. Vayan y lean, para este club desde ahora es una columna imperdible.
Aguante Medina.

No es Robi Draco Rosa

Imagen tomada de El Pais. com
El guatemalteco Rodrigo Rey Rosa publicó varios libros en los 90, igual que la camada de Fuguet, Soldan y Cia. Y Bolaño dijo de él en una entrevista que era un escritor sin precedentes en Latinoamérica. Entonces por qué nadie comenta nada de Rey Rosa en Ecuador. Por qué en la Web de Libri Mundi no encuentras ninguno de sus libros. Mejor dejo de preguntarme, ya sé las respuestas. Los buenos escritores llegan, finalmente llegan. Es la versión literaria de esta frase deportiva: El balón siempre busca al jugador. El Escritor se te atravieza en el camino en cualquier momento.
Yo lo hallé unos seis meses atrás en alguna página, luego lo googleé y encontré esto: http://www.sololiteratura.com/rod/rodobras.htm.
Ahí hay varios de sus cuentos, y principios de novela. Es una buena manera de enterarse de quien es y que escribe Rey Rosa. Su estilo es temperado, preciso y directo. Sin vueltas, sin enredos. Parece el escritor preciso para estas épocas. Hay algo de misterio y violencia en las letras de este guatemalteco. Hay algo que encanta, y que fascina a Lonely Vacation Club, de esos cuentos. Si no lo has leído aún, date una vuelta por su página. Luego hazte un grupo y ve a las librerías del país y exige sus libros, sobre todo Ningún lugar sagrado, que lo pidan a las editoriales. Que lo reediten. Lo queremos ya, aquí, circulando.

miércoles, agosto 27

Regret

La carretera está despejada, el cielo es una larga capsula gris. Y yo no sé donde voy. El auto no pierde su velocidad. Y lo único que pienso es que no estoy haciendo nada por remediar el dolor.
Mi vida parece un laberinto de esos que vienen dibujados en el periódico, dibujados para que sean niños de 6 años quienes los desarrollen.
Mi vida es de las que vienen en una caja con una advertencia.
Las nubes pasan tan deprisa. Las nubes pasan tan deprisa.
Que fue lo que no hice, me pregunto, qué fue lo que debí haber dicho. Afuera llovía. La lluvia hacía que todo se volviera una esfera de ruido que aplastaba nuestras voces. Debería haberte matado, tu madre debería haber abortado. Todo sería más sencillo.
No busco justificaciones, nada que disminuya la culpa, esta horrible sensación. Vivir es caminar dentro de un túnel. No distingues nada, solo escuchas voces y ves sombras. A veces tomas la mano de alguien y huele bien, pero no sabes quien es. No puedes ver a que ritmo se mueve. Ellos tampoco pueden verte.
Tal vez sería mejor si ella me hubiera herido con el cuchillo. Por lo menos mi culpa no existiría. Lo peor que me podía pasar era morir y eso ahora sería un alivio.
Pronto va a anochecer, no he visto un letrero de aviso desde que salí de la ciudad. Nunca antes tomé esta carretera. No sé a donde voy.
Un hostal. Llevo tres horas conduciendo, no ganaría nada si sigo, a donde ir. Para qué.
Los adultos olvidan las cosas con facilidad, los niños quedan marcados. La personalidad del adulto es una herida en la niñez. No tengo ni la más mínima idea de la marca que abrí en su interior. Él es solo un niño de 7 años, y ella es su madre, a pesar de todo es su madre, yo soy solo alguien en fuga. Un maldito hijo de puta cayendo.
Cayendo.
Esta canción, nunca has conocido la profundidad de una canción, hasta que te acompaña en el día más sórdido de tu vida. La música es la medicina para el mal. Black hole sun.
-Son 10 dólares la noche.
-Aquí tiene 30, por favor, le agradecería que nadie me interrumpiera por la mañna. Necesito dormir.
-Despreocúpese señor, nadie lo molestara. Por estos 30 puede quedarse dos días y usar la piscina a cualquier hora, si gusta.
-De acuerdo.
Miro mi cara en el espejo del recibidor, sigo siendo el mismo, aunque por dentro todo este suelto, y roto. Y pulverizado.
Me recuesto sobre la cama y conecto los audífonos del ipod. Me dejo hundir en la suave nieve de la pesadilla. Veo al niño doblado sobre sus rodillas, llora, llora. Su dolor me corta la respiración y despierto abatido. La luz de la luna se cuela por los entresijos de la cortina. La habitación es un globo en claro oscuro. Mi sudor empapa la camiseta. Busco los cigarrillos en el bolsillo de la casaca. La noche hace ruidos, preguntas que no logro entender, preguntas que no me puedo responder.
No quiero estar inmóvil. Me quito la camiseta, desde el pecho hasta la barriga hay una raya rojiza que arde cuando la toco. Sus uñas me alcanzaron. Quizá la peor de todas las guerras sea la que pelean soldaos enemigos que duermen en la misma cama. Las bajas, enumera las bajas. Nunca sirvieron los arrepentimientos.
No puedo volver a dormir. Estoy descompuesto, recuerdo la sugerencia del recepcionista.
La piscina brilla como si fuera una plancha metálica. El viento quema mis pulmones y la cerámica la planta de mis pies. Rodeo el contorno y me siento cerca de la tabla de clavados. Está por arriba de los 6 metros, en mis sueños he caído desde más alto.
El agua está helada, mis pies revuelven la acuosa plancha metálica, se hunden.
Cuando la superficie queda inmóvil otra vez, veo el rostro de ella al fondo de la piscina.
La señal es tan nítida que puedo medir el daño. Todo el lado izquierdo está hinchado, tiene el ojo bañado en sangre, y apunto de cerrarse. Las manos me sudan, cierro mis ojos pero la imagen no desaparece.
Tambaleante subo a la tabla de clavados. El sudor me baja por la espalda como una uña de hielo. Me detengo al borde de la tabla. Con los ojos cerrados me lanzo al vacío.
***

Banda Sonora: Sonic Youth/ Superstar

Soundgarden/ Black Hole Sun

John Frusciante/ Regret

martes, agosto 26

Si/No (la que los parió)

Los jóvenes deben ser rebeldes y contestatarios, debe estar siempre contra toda autoridad y cuestionar el poder... ¿Y los ecuatorianos como deben ser? ¿Y los negros como deben ser? ¿Y los indios como deben ser?
Ya no más encasillamientos, basta de estereotipos, a la mierda los grupos que te quieran vender una ideología, a la mierda quienes quieran decirte que actúes de acuerdo a lo que todos esperan de tu género, de tu condición. A la mierda los géneros y las condiciones de todo orden.Si vas a creer en algo, si vas a alzar una bandera, levanta una que no se parezca a ninguna. Cree en no creer en nadie. No actúes como dicen que debes. No dejes que te utilicen. No dejes que los medios hagan de ti su huella perfecta. No seas nada que te pidan que seas. No seas rebelde por conveniencia ajena. No te duermas, no les des explicaciones. Grábate en la cabeza que ninguna rebeldía es teledirigida, que la palabra rebelde es el nombre de una asquerosa telenovela. Grábate en la cabeza que si todos piensan igual es porque nadie piensa.
Escapa de los grupos y las asociaciones, que nadie te diga como tienen que ser las cosas. No temas a la confusión, abrázala. No temas al dolor, no trates de evadirlo. Ser libres es la parte más difícil de esto. No busques que los demás sean como tú.
Deshecha este texto, haz tus propias reglas. No te mantengas fiel a nada, rehazte siempre.

domingo, agosto 24

Mr. Gonzo

Dicen que es el verano Gonzo, y esperamos que sea más que un verano. Que la prosa rampante de aquel tipo que trastocó para siempre el periodismo mundial siga viva, siga fluida, siga saltándose todos los límites, que Hunter S. Thompson viva por muchos, muchos veranos, por el bien de todos sus fans.

Puso el periodismo patas arriba. Hunter S. Thompson vivió al límite y creó el estilo ‘gonzo’, donde el autor es el protagonista. A los cinco años de su muerte, dos libros y un documental redimen al autor de ‘Miedo y asco en Las Vegas’....continúe aquí

sábado, agosto 23

Nuevas caras/nuevos mundos

Más escritores de la antología El Futuro no es nuestro. Revelación (para mí obviamente) de escritores de los que no había escuchado absolutamente nada. Cómo Mariño González, de Guadalajara, con su cuento Nuestro Punk: un sabroso entremés, y una reflexión sobre madurar. También están el peruano Sergio Galarza y su cuento La modelo rusa: una historia un chance dolorosa, retorcida y que aborda ese espacio infranqueable que hay entre un ser humano y otro.
El boliviano Rodrigo Hasbún es otro de mis hallazgos, aunque confieso que ya había escuchado su nombre cuando lo de los 39, pero no lo había leído de nada. Ahora hay una oportunidad para hacerlo, su cuento se llama Álbum, y dentro van a encontrar una mujer rota y un hombre roto, dos jóvenes escritores y una desolada historia que los aísla.
En definitiva los tres cuentos son excelentes, los tres cuentos valen la antología. Pueden ir a la fija, nadie saldrá decepcionado.
Todavía no he leído toda la antología, pero que bien. De ahora en adelante todas las antologías deberían estar dotadas del soporte virtual. Que los escritores se acerquen más, al ojo del lector.

miércoles, agosto 20

Distinto es que lo hagas tú

Como la hiedra que se agarra a los muros, uno se sostiene de la familia; pero cuando tu familia es una mierda, pues te agarras a lo primero que aparece. Y lo primero que aparece en los barrios marginales, es una pandilla. O por lo menos un par de amigos con los que vas desde tirar piedras a las ventanas de las casas, hasta robar computadoras de colegios. Yo hice las dos cosas y otras más. Pero esto no tiene nada que ver con la clásica historia de chico marginal, pandillero y drogadicto cuenta su vida para redimirse, o para caer al fondo del precipicio y levantarse como un gallinazo. Esta no es ese tipo de historias, primero porque todo lo que hice lo sigo haciendo, excepto tirar piedras a las casas, eso es cosa de niños. Y yo tengo 18 años, cumplidos hace un par de días. Esto es sólo un dolor que me punza el pecho y me quita la respiración, y que sucede después que le doy a alguien un golpe en el estómago. Justo el día de mi cumpleaños.
Estamos tomando en una esquina del barrio, cuando Julia se asoma. Tiene algo que decirme, me viene jodiendo desde la mañana, cuando nos levantamos. Estoy embrazada me dice cuando me trae un pan con café. Ni siquiera me lo imaginaba, tengo bastante claro que no quiero un hijo, así que tienes que abortarlo fue mi respuesta. Se queda callada, se desploma en la cama, mirando el techo. Me tomo el café y salgo a la calle, me voy al centro a ver que pudo robar.
Voy con Pablito, y tengo un revólver conmigo. Robamos un par de carteras, en total hacemos 47 dólares con unos centavos. Luego nos metemos al barrio de nuevo, son las dos de la tarde, y estoy pronto a cumplir los 18. Nací un día como hoy a las 3:45 de la tarde. Esto me lo dijo la vieja antes de morirse. La vieja se suicido tomando veneno para ratas. Yo era muy pequeño todavía pero recuerdo su cara pálida y ese líquido verde que tenía regado por toda la ropa. Fui el primero en encontrarla, estaba tumbada en las tablas de la cocina. La pobre estaba cansada de la vida que le había tocado. De lidiar con el infeliz de mi padre. Nunca le dio una buena vida, y que yo recuerde, ni siquiera estuvo en su entierro. Pero eso ya paso, y yo solo pienso en lo que tengo en frente, lo demás no importa.
Compramos un par de botellas, pero primero jugamos en el billar, donde encontramos a Chelo y el Negro. Jugamos, gritamos y bebemos cervezas. Hay otros tipos que juegan y nos miran y escupen o murmuran algún insulto. Nada me importa, mientras no me lo digan directamente, nada me importa. Además son tipos que conozco y me conocen. Les cabrea que hagamos bulla mientras juegan, por lo demás somos amigos, bebemos juntos, a veces.
Cuando terminamos de jugar nos vamos a comprar un par de papas fritas con pollo. Y es después de eso que compramos las botellas. Y nos sentamos a beber en una esquina. Cuando llevamos la tercera botella, llega Julia. Tiene algo que decirme. No quiero abortar, lo dice delante de los panas. Me miran, la cosa se pone rara. No me interesa lo que hagas, digo, yo me voy a largar de aquí. Es tu hijo, tienes que hacerte cargo. Yo no tengo que hacerme cargo de nada.Julia empieza a gritar, entonces me levanto. Lucho, me dicen los panas, Lucho aguanta. Pero yo no me aguanto y le doy un golpe en el estómago a Julia. Un puñetazo que reservo sólo en momentos extremos, ella cae, sin aire y empieza a convulsionar; es como si le estuviera dando un ataque de epilepsia. Yo sé de eso porque a mi hermanea pequeña le dan esos ataques, bota espuma y hay que ponerle algo dentro de la boca para que no se muerda la lengua y se ahogue. Una vez el viejo estaba borracho y a mi hermana le dio un ataque. El viejo se cabreó tanto que empezó a darle patadas. La patió hasta que dejó de moverse. Yo tenía 13 años y no sabía lo que tenía que hacer, y si lo hubiera sabido tampoco lo abría hecho. Era un alfeñique y el viejo era uno de esos tipos duros. Tipos que ahora ya no me asustan de nada.
Cuando Julia cayó retorciéndose, me asusté tanto que salí huyendo, corrí lo más rápido que pude, como cuando robo bolsos en el centro, ni el diablo hubiera sido capaz de alcanzarme. Aunque tal vez ya lo hizo hace tiempo. Cada uno corrió por su lado. Cogí para el centro y me metí en un bar y estuve tomándome unas cervezas. Y pensando en como estaría Julia, si se habría muerto. No tenía miedo de que los policías me encontraran, no me importaba. Me emborraché un poco y luego busqué un hotel barato y pasé la noche, y desperté a las 1 de la tarde del día siguiente y ya no era un niño. Tenía los 18 años cumplidos y cinco dólares en mis bolsillos. Me lavé en el baño, y me largué del lugar, busqué un kiosco donde desayunar, e hice una llamada. Llamé a la mejor amiga de Julia, ella me dijo lo que había pasado. La tenían en un hospital conectada a un suero. Estaba denunciado con la policía. Perdió el bebé me dijo. Y sentí que una bola se empezaba a formar en mi estómago, subía hasta quedarse atorada en mi garganta. No pude decir nada, y con el teléfono aún en la mano, las lágrimas me empezaron a brotar.

miércoles, agosto 13

El tipo que hace autostop

La línea divisoria de la carretera se marcaba apenas en la oscuridad creciente.
Había caminado un par de kilómetros bajo un sol inconstante. Agotado se detuvo al filo del camino. Se dejó caer en la tierra húmeda y sacó de su mochila una botella de plástico con agua. Se limpió el sudor de la frente con la parte baja de su camiseta, y bebió de la botella un trago largo. Tenía el bluejean mojado alrededor de la cintura y la entrepierna. De un bolsillo lateral de la mochila sacó una cajetilla de cigarrillos y un encendedor.
Estuvo fumando y estirando el pulgar, hasta que por fin un trooper, con la lata abollada en los costados y la pintura raspada, se detuvo.
-Para dónde vas.
-Voy hasta Tonchigue.
-Sólo te puedo llevar hasta La Unión.
-No hay problema -dijo él-, es mejor que estar en la carretera tirado. Parece que va pegar un buen aguacero.
Estrechó la mano fría y tosca del conductor y se sentó a su lado. Sintió un tufo a podrido, como si hubiera un animal muerto en algún rincón del trooper. Giró la cabeza hacía la parte de atrás, pero a simple vista todo estaba en orden.
Lo extraño era esa cicatriz en la cien derecha del conductor. Un corte que descendía hasta la comisura de su boca, desfigurándole el rostro. Y esa mirada que proyectaba un destello infantil y aciago.
-De dónde vienes -preguntó-.No he visto casas por esta zona.
-No soy de por aquí -dijo él. Soy de Machala. Estoy viajando por todo Ecuador, porque pronto voy a viajar al extranjero y no quiero irme sin conocer mi patria. Usted sabe, hay que conocer primero el lugar donde uno vive.
No era la primera vez que subía al carro de un desconocido. Sabía lo que tenía que decir, y hacía lo que debía sin exagerar, actuando premeditadamente cada movimiento, verificando el impacto de cada palabra. Los gestos de su cara habían sido estudiados en espejos de cientos de hoteles, trabajados para convertir su rostro de muchacho insolente en un chico perfectamente vulnerable.
La adrenalina y la euforia habían navegado su torrente sanguíneo como dos lanchas fuera de borda. Internado en los matorrales del camino, rememoraba cada asesinato paso a paso. La primera vez fue un chico de su edad, vivía cerca de su barrio. Y jugaban fútbol juntos. Le golpeó el cráneo con una piedra por impulso. Estaban detrás de unos matorrales viendo el cadáver de un perro en descomposición. Los gusanos bullían en la carne gris y putrefacta.
-No te da miedo viajar solo.
-Qué.
-Que si no te da miedo viajar solo.
Sí, le daba miedo, un poco, lo suficiente como para sentirse tranquilo de que se veía como quería que lo vieran.
-No -dijo-, no me da miedo, me sé defender.
Pero se aseguró de que su interlocutor viera el temblor de su mano, y notara la variación del tono de su voz. Lo miró a la cara. Esa cicatriz, no era miedo lo que se hincaba en su estómago cada vez que la miraba. Era repugnancia. Volvió el rostro hacia la ventana.
-Es un perro -dijo el conductor.
-Cómo.
-Lo que apesta es un perro, un perro muerto.
-Lleva un perro muerto en el carro.
-No, ya no, lo acabo de enterrar. Era de mi hija. La niña más dulce del planeta. Tienes hijos.
-No.
Había algo en esa forma de hablar que lo perturbaba. No de la misma forma que los otros. No era el mismo rango de comunicación, aquel hombre parecía estar jugando algún tipo de juego con él.
-No sabes entonces lo que se siente. Es imposible decirles la verdad.
Cuando hablaba lo hacía mirando directamente a la carretera. La noche había crecido y respiraba como un animal sigiloso.
-No podía decírselo, tuve que mentirle. Lo atropellé sin querer, cuando me di cuenta estaba hecho masa, bajé del carro y lo metí en la parte de atrás. Ella adora a ese perro. No sé que demonios hacía debajo del coche. Pensé en enterrarlo cuando llegara al campamento, pero no hubo tiempo. Recién pude hacerlo esta tarde. Ayer me llamó por teléfono y me contó llorando que su perro estaba desparecido. Le dije que había ido a dar un paseo y que pronto volvería. Dejó de llorar. Solo que hoy la veré a la cara mientras me pregunte por su perro y no tengo idea de lo que haré.
El conductor volvió el rostro. Él enseñó el gesto de abatimiento estudiando la respuesta del conductor. Pero sus ojos seguían infantiles y aciagos. Y la cicatriz de su cara a causa de la poca luz lo hizo parecer que sonreía. El trooper se detuvo.
-Siempre pasa -dijo el conductor-, no te preocupes lo arreglaré en seguida.
Buscó una linterna en la guantera y bajó del coche. Cuando alzó el capó, él giró el cuerpo hacia el maletero, y comenzó a buscar de donde provenía el hedor. No estaba muy seguro de que la historia del perro fuera verdad. Ahora que el trooper estaba detenido la peste llenaba el coche como un pasajero invisible. Pegada al respaldo del asiento del conductor encontró una funda negra, abrió la funda. El olor a podrido le enclaustró la nariz. Oyó el capó cerrandose. Por primera vez, desde que era un niño y su padre lo golpeaba, se sintió realmente vulnerable.

domingo, agosto 10

Goodbye poesía 4

“Todos los poemas tienen lobos, excepto uno…”,
dice Jim Morrison en la película de Oliver Stone.
Yo vi esa película muchas veces cuando tenía 14 años.
Después la conseguí en dvd y la vi todo un verano,
y por las noches escribía poemas
donde había palabras como falo y frases sugerentes
como: ríos de semen efervescente cayendo sobre tu dulce ombligo.
Tambien odiaba las puertas,
trepaba por los muros y saltaba a los patios
de chicas que apenas conocía,
y las contemplaba dormir por la ventana
hasta que sol se balanceaba sobre el precipicio de la mañana.
Pero nunca conseguí convertirme en Morrison.

sábado, agosto 9

Los chicos sin futuro y una Violación

Pilar Quintana, escritora colombiana, autora del cuento Violación
Puta madre, el título dl cuento debería ser: Haz la prueba. Y la motivación del mismo (que tal vez sea) sería esta: Si lo lees y se te pone dura, está visto, eres un pederasta. De qué va, pues simple:Un tipo se monta a una nena de 13 años, a la que aún no le viene la regla. Y para remate a ella le encanta.
Dónde pueden encontarlo, pues en la página de la antología el El futuro no es nuestro. Un pilo de escritores latinoamericanos nacidos entre 1970 y 1980. Entre los que constan (ya era hora) dos ecuatorianos. Eduardo Varas con el cuento: Mañana, después de todo. Y Miguel Antonio Chávez, con el cuento: Polvo de estrella. Dos cuentos respetables. No dejen de leerlos; el panorama no es para nada desolador, y el futuro tal vez no sea de ellos, tampoco nuestro, pero el presente seguro lo es.
Por otro lado si quieran hacer la prueba con el cuento antes mencionado hagan clic aca: Violación.

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